Presbyterians Today

JUN-JUL 2018

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8 JUNE/JULY 2018 | Pr e s by te r i a n s To d ay ENCOUNTERING GOD IN THE SILENCED | Magdalena I. García Honoring a dementia patient's life Ask questions — then listen and learn Honrar la vida de un paciente con demencia Haga preguntas — luego escuche y aprenda H e was a man of few words. My visits often consisted of a monologue I carefully constructed around veiled questions, hoping he would offer up details about his life without getting agitated. But his responses were short — a few words uttered in a deep voice that got louder if he was irritated by the subject matter. I met Robert after he moved into a nursing home. What little I knew about him I had learned from a brother who lived out of state. Robert's background included a career in graphic arts, working with his father in a commercial printing business, a failed marriage, depression, heavy drinking and excessive smoking. Robert had lived inde- pendently until his mental state deteriorated so much that a crossing guard saw him walking down a street without shoes on a snowy day and called the paramedics. That's how he ended up at the hospital and eventually was institutionalized. By watching his habits, I learned that he had a sweet tooth. I also discovered that he loved classical music. Whenever I played a selection on my smartphone, he would close his eyes and hum the tune. However, it wasn't until the day he died that I learned Robert had been an avid painter. As I kept the vigil by his deathbed, I offered companionship to his brother on the phone. In gratitude, he emailed me pictures of paintings by Robert he had kept after clearing out his apartment: Chicago streets and an elevated-train stop, a neighbor standing in an alley — even a self-portrait. As I looked at the images, I felt sad at the lost opportunity to offer him greater meaning during his last days by engaging with him in what was clearly his favorite hobby. It was that day I vowed to stop my veiled questions, to be more assertive, more inquisitive — even at the risk of pestering — so that dementia patients, like Robert, will not be buried and forgotten while still alive. Magdalena I. García is a hospice chaplain for Vitas Healthcare in Chicago. É l era un hombre de pocas palabras. Mis visitas a menudo consistían en un monólogo que yo elaboraba cuidadosamente en torno a preguntas veladas, con la esperanza de que él ofreciera detalles de su vida sin agitarse. Pero sus respuestas eran cortas; unas pocas palabras enunciadas con una voz grave que se volvía más fuerte si estaba molesto con el tema. Conocí a Roberto después de que se mudara a un asilo para ancianos. Lo poco que sabía de él lo aprendí de un hermano que vivía fuera del estado. El trasfondo de Roberto incluía una carrera en artes gráficas, trabajó con su padre en un negocio de impresión comercial, un matrimonio fallido, depresión, alto consumo de alcohol y fumar en exceso. Roberto había vivido independiente- mente hasta que su estado mental se deterioró tanto que una guardia de cruce lo vio caminar por la calle sin zapatos en un día nevado y llamó a los paramédicos. De ese modo fue a parar al hospital y eventualmente fue institucionalizado. Al contemplar sus hábitos supe que era goloso. También descubrí que le gustaba la música clásica. Cada vez que yo tocaba una pieza en mi teléfono inteligente, él cerraba los ojos y tarareaba la tonada. Sin embargo, no fue hasta el día en que murió que supe que Roberto había sido un pintor apasionado. Mientras guardaba la vigilia junto a su cama, acompañé a su hermano por teléfono. En agradecimiento, él me envió fotos de pinturas de Roberto que había conservado tras desalojar su apartamento: animales y parques, calles de Chicago y la parada elevada del tren, un vecino parado en el callejón, incluso un autorretrato. Al con- templar las imágenes sentí tristeza ante la oportunidad perdida de ofrecerle un mayor significado a sus últimos días al interactuar con él por medio de algo que clara- mente había sido su pasatiempo favorito. Ese mismo día juré dejar de hacer preguntas veladas, ser más asertiva, más preguntona, incluso a riesgo de ser fastidiosa, para que los pacientes con demencia, como Roberto, no sean enterrados y olvidados mientras que están vivos. Magdalena I. García es capellana de hospicio para Vitas Healthcare en Chicago.

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